
TODO EMPEZÓ CON UN MÓVIL ROTO.
En 2022 viajé a India para recorrer solo en moto el norte del país. En el primer día conduje más de seis horas bajo una lluvia incesante y mi iPhone murió. Compré un Xiaomi en una tienda a las afueras de Nalagarh que era mitad colmado, mitad tienda de teléfonos.
Sin acceso a mi SIM no podía entrar en WhatsApp. La única app que funcionaba era Instagram. Así que empecé a contar el viaje por Stories de mejores amigos: la comida, las carreteras, la moto, la gente. Sin darme cuenta aquello empezó a parecer un canal de viajes.
Al volver a casa decidí empezar por el motor, porque seguía teniendo un trabajo fijo y no podía desaparecer por el mundo. Quería un nombre que no fuera el mío y que algún día pudiera ser más grande que yo. Un sticker absurdo de un amigo —“volatta di peluka”— acabó convirtiéndose en Volata di Peluca.